Guillermo Pérez Villalta

Tarifa, Cádiz, 1948

 

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[...] Vivimos en un mundo desposeído de significado. Lo útil ha dejado sin referencias a las cosas donde sólo la economía las dota de valor. No sólo se ha quitado al ornamento su valor, sino a nuestra capacidad de reconocerlo. Hay que volver a explicar las cosas porque ya no se sabe qué representan, todo es instrumento y herramienta que sólo nos interesa por lo que es capaz de producir o por su valor monetario. La terrible moda de la "desmitificación", que en los últimos decenios parece ser una recurrente periodística para describir el ignorante y burdo empleo de la tradición mítica, es un laro ejemplo de estas posturas, dispuesto a hacer de los ricos festines pastillas de vitamina.
 
Pero tan árida es seguir esta corriente, que pone en la cara de todos ese rictus de crónico desprecio, como el lamentarse sin más. La solución siempre consiste en hacer tú mismo lo que no encuentras, ya que la necesidad hace al arte, en contra de los que claman su inutilidad.
 
Por ello me ha llevado una gran parte de mi vida en desarrollar estos ornamentos. Pocos de ellos han cobrado vida, la mayoría sigue como idea que todavía no se ha materializado, la pintura no es el lugar idóneo para ello, sólo tiene sentido cuando se incluye en nuestra propia vida. Ocupa el lugar que ocupa en los estériles "diseños". Recurrir de nuevo al artesanado, ya que la industria trataría de nuevo ed devorarlo en sus estómagos económicos. Encontrar una línea serpenteante que bordea otros terrenos, es importante que no llame la atención.
 
Para ellos, tanto en los objetos, muebles, joyas y lo que pueda estar por venir, me baso en mis viejos ritos, aquellos que crearon la cultura en que vivo, alrededor de ese mar mediterráneo. Ya sean los dioses muchos, uno o ninguno. Mi fascinación también viaja, pues por algo vivo en un mundo comunicado, también mi propio tiempo ha apartado gran parte del vocabulario. Así que cuando abres un mueble o te sientes en él, o pases a través de tu mano o cuello una pieza, no creas que es un simple objeto, tampoco un distanciado objeto de arte, sino que tú también estás implicado en ello. El ornamento lo haces tú por el rito y eres tú quien le das significado. Al fin y al cabo no estoy proponiendo otra cosa que hacer de la vida "arte".
 
Guillermo Pérez Villalta
Marzo 1998

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