Paloma Peláez
Zamora, 1958

- Temple y óleo sobre tela
- 170 x 155 cm.
-
- En la parte inferior del
escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera
tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la
creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era
una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos
que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o
tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí,
sin disminución de tamaño. Cada cosa, porque yo
claramente la veía desde todos los puntos del universo.
Vi el populoso mar, vi el alba y a la tarde, todas las
hormigas que hay en loa tierra, vi un astrolabio persa,
vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo
temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que
Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado
monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que
deliciosamente había sido Beatriz Vilerbo, vi la
circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del
amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde
todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y
mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré,
porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y
conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que
ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo..
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- Jose Luis Borges
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