Madrid, 1960

Olivares
Óleo sobre lienzo
100x81 cm.
El árbol que es apenas sensitivo en apariencia,
en su serenidad guarda
un refrito sabor del mundo.
Desnudo y reducido a su honrada austeridad.
el Rey es una criatura efímera frente a los
árboles,
casi divinos.
Esos árboles que no admiten ofrendas ni plegarias,
se yerguen ante un trasfondo oscuro
más allá de ellos no hay nada.
No tienen relación con los Dioses helénicos
tan sólo con el sol y la luna,
divinidades más antiguas, universales
y con el Destino.
Carlos García Gual
El Rey Alejandro y los árboles proféticos