Un abierto balcón,
Una sombra latente junto al muro
De una calle en la siesta de estío,
Calles, ciudades, campos, cielos, luces
Infinitas...Y el hombre
Con su poder terrible,
Y en medio de los ruidos,
Por entre los desórdenes innúmeros,
La habitual maravilla de una orquesta.
Jorge Guillén
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